viernes, 25 de febrero de 2011

Sí, yo también soy romanticona a veces...

Revisando mi cajón de los recuerdos, me topé con la historia que voy a postear a continuación. Cuando la encontré, pensé que sería una muy buena idea publicarla el 14 de febrero, pero después pensé que eso sería potenciar el ideal de que debe existir un día específico (dejando de lado que se trata de un día meramente comercial) para dejar salir todo el romanticismo que llevamos dentro. Entonces me dije "Fuck'em all, la voy a publicar cuando se me de la gana!!", y es por eso que la subo hoy. Mi querido lector o lectora, te dejo con el cuento más "rosa" que escribí hasta el momento.


Es tarde. Hace un par de horas terminamos de cenar (bueno, si puede llamarse “cena” a medio kilo de helado de vainilla). Vos ya estas acostado en el sillón del living. Dudo si estas dormido o despierto, la forma en la que cerrás los ojos manteniéndolos un tanto entreabiertos siempre me deja con esa duda. Sin embargo estas callado, y tu respiración se siente profunda. Eso me hace suponer que ya caíste en las garras del sueño. Me acerco al televisor, que todavía esta encendido y lo apago, con sumo cuidado de no hacer ruido para no molestarte. Puede oírse desde lejos una música como de fiesta, tal vez proveniente de alguna plaza. Después me siento sobre un almohadón en el suelo y te contemplo, tan pacifico, tan hermoso.
   Me pregunto qué es lo que hace que todos nuestros días juntos sean así de mágicos y perfectos. No nos conocemos desde hace tanto tiempo, pero siento que crecí al lado tuyo, siento que sé todo acerca de vos, y que vos sabes todo acerca de mi.  Tus miradas, tus comentarios, tu risa que se complementa con la mía.  Todo me lleva a pensar que estamos juntos porque así es como debe ser.

   Mis amigos me dicen con frecuencia que me equivoco, que es imposible que dos personas se completen de esa manera. Pero si dicen eso es porque no te ven de la manera en la que te veo yo.
   A veces suelo preguntarme como nos verá la gente cuando caminamos juntos, sin prestar atención a nada más que nuestro andar abrazados. También me pregunto cómo será que nos recordarán en el futuro. Es bien claro que no somos la típica parejita melosa, ni tampoco somos Romeo y Julieta. Sólo somos dos seres humanos que se toparon uno en el camino del otro y decidieron tomarse de la mano. Tal vez nos recordarán así, como dos ilusos que encontraban la paz en la sonrisa de su acompañante.
   La música de la plaza sigue escuchándose en la lejanía. Vuelvo mis ojos a tu cara, y de pronto lo sé. Me doy cuenta de que no me interesa en lo absoluto como nos vea la gente, ni como nos recordará, si es que lo hace. Lo único que realmente me importa en este preciso momento es estar justo en el lugar en el que me encuentro, sentada a tu lado, contemplándote descansar.