lunes, 6 de diciembre de 2010

Cobardía

Este es un cuento que escribí para la facu el año pasado.
¡Enjoy!

  
Esa noche volví sudando a casa.  No se si fue por la emoción del momento que acababa de vivir o por la desilusión que sentía.
Todo empezó como de costumbre. Me levante a las 7.30 de la mañana, cambié mi cómodo pijama por un vestuario acorde al día, me hice unas tostadas para el desayuno y bebí a pequeños sorbos el típico café cortado y sin azúcar que tanto disfruto.
Antes de salir de casa, tome un paraguas, solo por precaución. No  suelo confiar en los meteorólogos.
Llegué al local aproximadamente a las 8.15.  Como de costumbre, Elsa ya estaba allí, y me regañó una vez más por mi pequeña demora.
"La próxima vez te reduzco el sueldo", dijo, "después no digas que no te lo advertí."
Sin prestarle mucha atención a su amenaza, me puse mi delantal y tome la libreta para los pedidos.
La cafetería esta casi siempre vacía por las mañanas, cosa que me resulta muy extraña. ¿Será que la gente desayuna en su casa antes de salir a trabajar, o se despierta sin apetito? Eso no lo sé.
En fin, esa mañana no fue la excepción. Solo dos mesas estaban ocupadas.
La situación cambió un poco llegado el mediodía. En ese momento suelen llegar muchísimos clientes, algo apurados y de mal humor, que solo dicen "tráigame un tostado y un agua mineral, ¡rápido!", sin siquiera decir "por favor" o "gracias."
Pero mi historia, la que realmente me interesa y quiero compartir, tuvo lugar a eso de las seis de la tarde. Yo estaba atendiendo a una mujer gorda con una niña que lloraba, cuando lo vi entrar por la puerta. Fue como una visión. Era el hombre mas hermoso que había visto en mi vida entera. Tendría unos 35 años, vestía unos jeans y una camisa blanca y llevaba unos cuadernos bajo el brazo izquierdo, o tal vez eran libros, no pude distinguirlos bien. Se sentó en una de las mesas de al lado del ventanal, y se quedó esperando a ser atendido, mientras echaba súbitas miradas al pequeño menú de cartón plastificado que hay junto a los servilleteros.
Mi corazón dio latidos tan fuertes que apenas pude oír lo que la mujer gorda estaba ordenando.
Ni bien llevé la lista con el pedido a la cocina, me apresure a atender al bello cliente. Al acercarme mi mente comenzó a susurrarme: "decíle algo inteligente, hacéle un comentario acerca de los supuestos libros que trae."
Llegué a su mesa, "tal vez debería preguntarle su nombre. Mejor no, sonaría atrevido." Me miró con sus oscuros ojos y solo atiné a decir, "¿ya se decidió?, ¿qué le traigo?"
Bajó la vista una vez más y me dijo "el café con leche, ¿qué precio tiene?", "2 con 75", dije. "Muy bien", dijo," tráigame uno grande y una porción de tarta de manzana si no es molestia."
"¿Cómo podría ser molestia, guapo? Será un honor hacer realidad su deseo", debería haber contestado. Pero lo único que brotó de mis cobardes labios fue un "en seguida."
Lo observé tomar su café desde el mostrador. Una sensación subió lentamente por la parte trasera de mi cuello hasta situarse en mi nuca y oprimir mis pensamientos.
Nunca antes había deseado que un cliente se quedara por tanto tiempo en la cafetería.
Mientras lo veía terminar su tarta de manzana, que por cierto es una de las más deliciosas de la ciudad, pensaba qué podría decirle sólo para captar su atención.
Finalmente me decidí. Cuando me llamara para pedirme la cuenta, le anotaría al dorso de la misma mi número telefónico. O mejor aún, se lo pediría yo misma por temor a que él lo perdiera y no me llamara.
El momento al fin llegó. Con una seña gestual me indicó que me acercara a su mesa. Le pasé la cuenta delicadamente, y al instante él me pagó lo debido por la comida.
"Deciselo ahora, ¡ahora!"
Luego se levantó y recogió sus libros. Sí, al final pude constatar que eran libros. Salió del local por la puerta principal, y con una triste expresión en mi cara, lo vi alejarse.


viernes, 26 de noviembre de 2010

La tres horas más verdes de mi vida

Hoy viajaba en el 98 de regreso a casa luego de una ardua tarde en la facultad, y como siempre, venía acompañada de mis amados auriculares que me transportan a otras dimensiones. De repente cerré los ojos y me encontré a mí misma saltando del brazo de mi hermano en Costanera Sur, y gritando a viva voz "Don't test me, second guess me, protest me, you will disappear". Por eso se me antojó postear esta nota que publiqué hace un tiempito en la página para la que escribo (de paso mando el chivo: http://rockandball.com.ar , pasen que está buena!!). La crónica relata la noche más emocionente de mi vida, en lo que a música respecta. Señoras y señores, con ustedes: GREEN DAY!! 


Cinco meses. Sí, cinco meses con la entrada guardada en una caja intransferible en algún lugar oculto de mi pieza, y al fin el día llegó.

El viernes 22 de octubre desembarqué en Costanera Sur con mi hermano a eso de las cuatro de la tarde, con la intención de aprovechar al máximo el Pepsi Music, pero mientras estaba parada entre el grupo de gente que se iba transformando en multitud a medida que caía el sol, sólo podía pensar en el momento en el que los tres californianos pisaran las tablas del escenario principal.

¡Ojo! No estoy quitándole mérito a las demás bandas que también tocaron en la octava fecha del festival. Infierno 18, Chancho en Piedra, Expulsados, Árbol, Bulldog, Cadena Perpetua y Massacre, todas ellas se lucieron espléndidamente a su manera y no defraudaron a sus seguidores.

Pero es totalmente entendible que después de doce años sin compartir el aire local con Billie Joe, Mike y Tré, y siendo esta la primera vez para mi en verlos en persona, mi atención se desviara un poco.

Cuándo finalmente la aguja chiquita del reloj marcó las nueve, y la aguja larga marcó las 6, las luces se apagaron y la masa de fanáticos agolpada frente al escenario empezó a latir con fuerza. Para sorpresa de todos no fueron los músicos quienes salieron a escena, sino que quien lo hizo fue un curioso personaje que suele verse con frecuencia en los recitales de la banda: un conejo rosado que corre de un lado a otro sosteniendo dos botellitas de cerveza y animando al publico ansioso. Después de provocar un par de risotadas, el conejillo desapareció y las luces volvieron a bajar.

Ahora sí, el momento soñado se hacía palpable. Green Day salió con todo al ritmo de 21th Century Breakdown, de los gritos y del pogo de las 35 mil personas que fuimos a ver a nuestra banda favorita.

“Te amo, Argentina”, pregonaba continuamente en español el vocalista, causando al instante la emoción de la tribuna que le respondía con más gritos y aplausos. “Green Day is moving to Argentina”, fue otra de sus divertidas declaraciones, y cómo olvidar la pregunta que formuló pidiendo refuerzos cuando en un momento de la noche se lanzó exhausto al suelo: “¿Alguien sabe tocar la guitarra?”. Obviamente, tampoco se hicieron desear los “heee-oooh”, y sus respectivos ecos por parte del público.

Los hitazos nuevos y viejos se mezclaban con los juegos de luces y fuegos artificiales que acompañaban a los artistas, pero fue la actuación de Billie Joe la que se robó el corazón de todos. Incluso llegó a afirmar que su presentación en el país fue la mejor de todos los tiempos. Podría pensarse que sólo lo dijo para dejar contenta a la ingenua multitud, pero francamente yo me atrevo a creerle.

En síntesis, fueron tres horas de música y alegría en su estado más puro, y a pesar de no haber tenido la dicha de subir al escenario, besar a Billie Joe, obtener una guitarra de regalo o cantar Longview abrazada a Mike Dirnt, puedo decir que, con mis uñas verdes agitándose en el aire y mis cuerdas vocales al extremo, viví “the time of my life”.

Ahora mi entrada está pegada en el espejo que veo cada mañana, recordándome la incomparable y maravillosa noche que pasé junto a Green Day en Buenos Aires.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Ya fue

Para arrancar bien y no dejar el blog abandonado, te paso un cuento que escribí hace un tiempo para una materia de la facu. Espero que te resulte divertido... Muaa!!


                                                                                                                                                   15 de Junio

No vas a creer lo que me paso hace no más de dos horas.
¿Te acordás de ese chico que me hizo tanto mal? Creo que se llamaba Mateo, bueno, en realidad no quiero ni recordar su nombre. El asunto es que lo que me pasó esta mañana hizo que lo olvidara para siempre.
Me subí al colectivo a eso de las diez y media, pagué mi boleto y me senté en uno de los asientos individuales.
Todo iba bien, como de costumbre, hasta que en la siguiente parada se subió al colectivo una cara conocida.
Después de mucho mirarlo, disimuladamente, por supuesto, me di cuenta de que se trataba de Santino, ¿te acordás de Santino? No se si alguna vez te hable de él.
Íbamos juntos al colegio cuando éramos muy chicos, no se si tendríamos 7 u 8 años.
Yo siempre había estado secretamente enamorada de él, pero nunca pude decírselo.
Después se cambió de colegio y no lo vi más. Hasta el día de hoy, claro.
¿Será que me lo encontré para cerrar ese capítulo inconcluso de mi vida amorosa? Tal vez. Para mí que fue el destino.

16 de Junio

Hoy lo volví a ver, pero creo que él no me vio. No creo que me reconozca, pasó muchísimo tiempo.
La cosa es que yo sí me acuerdo. Tal vez él también se acuerde de mí, pero por miedo no me diga nada.
¡Estaba tan lindo! Te juro que cuando lo veo ni pienso en ese tal Mateo del que hablaba.
Me están llamando para comer, así que mejor me voy.
Mañana si vuelvo a verlo lo saludo, ya fue. Si se acuerda, se acuerda, y si no, le refresco un poco la memoria.

17 de Junio

Malas noticias. Hoy a la mañana no lo vi. Parece que me tome el colectivo algo temprano por la emoción, y él no llegó a subirse a tiempo.
¡Que mal!
En fin, de lo triste que estaba me fue mal en el trabajo. Estaba tan distraída pensando en Mateo, ¡perdón!, en Santino.
La buena noticia es que a la vuelta sí me lo crucé, pero el colectivo estaba tan lleno de gente que no pude ni acercarme. Pero en un momento el colectivero hizo una maniobra rápida y el movimiento hizo que Santino me mirara. No me dijo nada, pero por lo menos me miró.
Me pregunto a donde viajará él. Seguro que va a la facultad. Siempre tuvo ese aspecto de chico estudioso. Y además lleva una mochila, así que supongo que ahí guarda sus carpetas. ¿Qué estará estudiando? Ese es un buen tema de conversación, ¿no? Si vuelvo a verlo se lo pregunto.
Ya es tarde y yo sigo acá escribiendo, mejor me voy a dormir. Hasta mañana, diario, voy a descansar.
Tengo el presentimiento de que las cosas van a dar un giro inesperado y emocionante. ¡No puedo esperar a contarte todo!

18 de Junio

¿Te acordás que ayer te dije que tenía el presentimiento de que algo inesperado iba a pasar? Bueno, no me equivoqué.
El problema es que no fue nada bueno.
Yo lo estaba esperando en el colectivo, como siempre, y estaba totalmente decidida a saludarlo. Pero cuando se subió, no estaba solo, como siempre, sino que venía en compañía de una chica. Seguro que están saliendo. Me di cuenta de eso por la forma en la que se reían.
¡Me sentí una tonta!
Al final resulta que todos los hombres son iguales. Alimentan las esperanzas de una para después rompernos el corazón. Debí haberlo notado antes. Pero no, una vez mas caí en ese jueguito.
Ahora ni siquiera sé con qué cara voy a ir mañana a trabajar. Ya fue, mejor me tomo el tren y listo, problema solucionado. Se ve que lo mío con Santino no tenía que pasar.
Lo que todavía no me queda claro es por qué me pasan estas cosas a mí.  Me ilusiono y al final no me sirve de nada.
¡Ay, Mateo! ¡Cómo te extraño!

sábado, 6 de noviembre de 2010

Gran Inauguración

Y bueno, ya tengo facebook, ya tengo twitter...¿Qué me faltaba?¡¡Tener un Blog!! Y helo aquí.
Dibujando Estrellas es un pequeño espacio que la web me presta, creado para difundir (entre quienes quieran leerme) ciertas cosillas que andan rondando por mi mente, sean  cuentos, notas, o algún delirio que se me antoje publicar.


Mi intención, en un  primer momento, es la de postear con la mayor frecuencia posible, pero dado a mi agenda super ocupada (pufff!!) no puedo prometer tal cosa. Por ahora me atendré a darte una cordial bienvenida y a invitarte a volver a pasar por acá cuando gustes.
Si estás leyendo esto, desde ya te lo agradezco y te espero de vuelta.
Muchos abrazos y flores.
¡Hasta la próxima!